lunes, 17 de octubre de 2011

Desprendimiento de vísceras matutinas

Se descose mi garganta lentamente, se desnudan mis entramados mentales, mutan mis poros cuando aprieto la imaginacion y hago fuerza ayudándome de la inspiración que me provocan tus ojos, allá donde se deja oler el sol y donde la brisa acaricia puliendo cada razón revoloteando entre el empirismo cada día más pronunciado.
Alegres figuras que se escriben en el tiempo, con delicadeza se acercan, pecho con pecho, erección del recuerdo ante sus sus rostros, evaporado del río de sus ojos efervesciendo mientras se echan de menos.
Pertenezco a una dimensión remota, donde mi cuerpo se balancea cual espora perdida en las naúseas de mi sudor cuando trago el convencimiento que supone  la articulación de las palabras en los momentos que están siendo robados,  lejanos en cada paso material, cercanos en cada acento que mi pensamiento sitúa en el miedo.
Porque es el remordimiento del tiempo el que me refuerza, me estruja y me retuerce, obteniendo la claridad de mi sentida naturalidad en cada milímetro de la melancolía cuando me someto a mí misma en la espiral de fuego que hace correr a mis pies por la faz del tejido de mi cerebro que sueña, despierta, duerme y regresa de allá, donde se deja oler el sol y la brisa acaricia puliendo el triunfo de mi desesperación, que me hace sentir viva, que me recuerda que estoy aquí, como un eco chocando contra las paredes de la inevitable ebullición de mi anárquica alma, desteñida, ausente, pausada, mientras retrocedo en mi memoria, rebobinando el tiempo, cosiendo tu cuerpo en mis párpados para no deshacerme de ti, desprendiéndome de la tensión que me araña al chocarme con el estruendo del devenir para que la lluvia de éste se incorpore en mi entusiasmo  en un ''tu me manques'' que hoy significa esto. Tenía que sacarlo y depositarlo aunque fuese en el viento, para que se entremezcle con posibles posos de tu añoranza, arrastrada como la mía por el recuerdo en compañía de nuestra voz.
.Esboza.

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