lunes, 10 de octubre de 2011

Dos gotas caen al mar.

Sus ojos la miraban fijamente, cual parásito de dulce aniquilación, que concomiendo el tiempo, conseguía retenerlo, haciéndolo suyo, mío, nuestro, y cara a cara, entre cuerpo y cuerpo, entre alma y alma, el aire se escapaba mientras las acariciaba, vomitando una flamante estela que las hacía sentir vivas, que las devolvía a ese mismo instante.

En este mismo instante es vomitada. Hoy, un mes antes de apreciar todo menos de lo que será y hará mañana, un mes después de estar desenvolviéndose en su nada cotidiana, donde en cada arcada resplandeciente conversa con su actividad mental.

Invertida la faz de la tierra en el cielo, los edificios cuelgan como inertes gotas que desafiantes se abalanzan hacia todo lo que abajo aguarda, como vómitos que se abren paso desde lo más remoto de su naúfrago estómago en su vacío vientre aunque enmarañado por el bosque de sus pulmones y sus fugaces brotes que oscilan sobre su desolado tórax. Desolado por toda la nada que su ausencia dejaba al abrirse paso por sus sendas haciéndose con todo.

Hoy, el índice de su mano señala al horizonte, que ha dejado de ser la parte alta de su espalda, y se convierte ahora en la cuenca baja de sus ojos. La vacía desaforada e impertinente, abrasando cada esquina de la parte límbica de su cerebro. Porque es lo que busca entre estas empapadas sábanas, sus ojos.

Las vísceras de éste, derretidas por el contacto con plomizas emociones, conforman un espeso y viscoso rio de intenciones, que retozan en sí mismas, magulladura peor aún que el propio remordimiento y todos sus pedantes entramados, que sobrevive absorbiendo la sangre del cuello de su necesidad. Necesidad que dilata su garganta y arterias, cargadas de porvenir inapropiado que espera ser arrancado de la pauta que no deja opción sino a lo desesperante.

 Hoy, de nuevo frustración, sin embargo continúa filtrada en el latir de su corazón durante la circulación del tiempo por su cuerpo, inevitable estado complacedor. Pero confía. Es así desde que se conocen.

Hoy cabalgo, en mi memoria que me arropa con frescura en las mañanas obvias y las noches inciertas donde la ambigüedad se apodera de mi insomnio, y entre ella y yo no dejamos que te vayas, mientras apoyada en el alféizar de nuestros dedos me asomo manos abajo, y lo que siento, es inconfundible. Lo que anhelo aún más. Y lo beso, lo acaricio, con ternura, como si lo envolviese entre tu pelo y lo acostase junto a mí cada noche. Lo cuido, hoy y siempre.

Perdidas en una cariñosa lógica que arrasa con nuestro tiempo y nos destroza los milímetros que se rozan entre mi vida y la tuya, no dejo de volar para alcanzarte, para ser libre contigo. Cada vez nuestros susurros a voces de locas se parecen más a firmes puentes, que con extremada precaución e inquietud, muestran al mundo que este delicado todo nos merece y que a él pertenecemos.

Te respiro, te toco, me tocas, no dejamos de volar en forma de esperanza para poder alcanzarnos. Nunca he visto algo tan cerca desde tan lejos, algo tan grande desde lo diminuto, las que hoy parecen cicatrices son meros oasis que camuflan la plenitud de nuestro espíritu, la feliz recreación de nuestras almas en compañía. Te lo prometo.

Por pensar, perseverar, conocerme, recrearme, conocerte, intentarlo, volver a conocerte, volver querer  conocerme. Por hacerme daño, por hacértelo , por querer mejorar, y querer hacerlo a mi lado. Por tu aliento, tu olor, tus ganas, tus esbozos, tus arcadas, las mías cómplices de las tuyas, los acordes en mi espalda presionados por tus manos que me dan vida, tu descubrición, nuestra inconfundible, entrañable, brillante y emprendedora existencia plasmada en nuestros incansables esbozos que hacen de puente desde esta orilla hasta nuestra utopía.

En mi trato con el todo que me rodea, no he encontrado nada que tuviera tanto encanto como esto. Como dejar que se marche sin nosotras.

Lo importante, en muchos casos, no es el complejo término tiempo, sino el qué y el cómo en él. Sé que éste es uno de esos casos. Desde que entré en contacto con tus opacas pupilas comprobé que te había soñado en otro pasaje, en otra dimensión, en esta misma proporción de eterno instante. Que siempre te estuve buscando.

Que desde entonces el miedo está por todo mi cuerpo, menos en mi corazón.
.Esboza.

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